Vender las entradas dentro de tu propia web
Qué se gana cuando el público compra sin salir de tu dominio, qué parte del proceso sigue ocurriendo fuera y cuáles son las tres formas de montarlo.
Tienes una web. Le has puesto años, tiene su posicionamiento y la gente la reconoce. Y luego el botón de comprar entradas manda a otro dominio, con otro diseño y otro logo.
Ese salto tiene un coste que casi nunca se mide.
Qué se pierde en el salto
Tres cosas, y las tres se notan.
El posicionamiento. Cada ficha de concierto es una página que podría estar rankeando por «nombre del artista + tu ciudad». Si vive en el dominio de un tercero, ese tráfico lo capitaliza el tercero.
La marca. El comprador acaba pagando en una web que no se parece a la tuya. Si nunca había oído hablar de esa plataforma, duda. Y la duda en el paso del pago es la más cara de todas.
El enlace que se comparte. La URL que circula por redes cuando anuncias una fecha es la de la compra. Si esa URL no es tuya, estás regalando la parte del tráfico que más convierte.
A quién le compensa de verdad
No a todo el mundo. Si tu web actual es una página de contacto con un mapa, montar la venta dentro no arregla nada: te compensa más una web nueva.
Compensa cuando tu web ya trabaja. Cuando tiene visitas propias, contenido, historia y un público que llega escribiendo tu nombre. Ahí el objetivo no es sustituirla, es que no haya que abandonarla para comprar.
Lo que no se puede hacer, y por qué
Seamos claros con esto, porque es donde otros prometen de más: el pago se completa fuera de tu web.
Puedes tener dentro la parrilla de eventos, el calendario, la ficha del concierto y el bloque de precios con su botón. Al pulsar comprar, el proceso continúa en el dominio de venta.
El motivo es concreto. El banco lanza su reto de verificación —el aviso de la app, el código— y esa pantalla no se pinta dentro de un marco insertado en otra página. Forzarlo a base de trucos da un pago que un día deja de cobrar. Preferimos que el salto ocurra en el último paso, con la compra ya decidida, y no en el primero.
Las tres formas de montarlo
Web completa. El software genera y aloja tu web entera: portada, páginas, menús y venta, con tu dominio y tu marca. Es la opción si vas a rehacer la web de todos modos.
Micrositio de entradas. Un sitio sin páginas, cuya portada es directamente la parrilla de eventos. Se cuelga de un subdominio tuyo, del tipo entradas.tudominio.com, al lado de la web que ya tienes. Tu web sigue igual y la taquilla vive en tu dominio.
Integrada en tu web. Tu web manda y su portada no se toca. Pegas un fragmento de HTML donde quieras que salgan los eventos y añades una línea de script:
<div data-tickeep="lista"></div>
<script src="https://entradas.midominio.com/embed.js" async></script>
Es HTML corriente, así que funciona en WordPress, Wix, Squarespace, Elementor o en una web hecha a mano. Un solo script por página, el mismo para todos los bloques. Sin clave de API ni identificador de sala: el script sabe a qué sala pertenece por el dominio del que se descarga. Y los precios se piden en cada visita, así que no se quedan viejos dentro de tu HTML.
Cómo elegir
Mira tu analítica. Si la mayoría de tus visitas entran por la portada de tu web y navegan desde ahí, integra. Si entran directamente a las fichas de concierto desde redes, el micrositio te da páginas mejor preparadas para vender. Si tu web pide una reforma desde hace tres años, hazla completa y quítate dos problemas de encima.
Las tres dejan el enlace en tu dominio. Que es de lo que iba todo esto.
En Tickeep los tres modos se eligen en un ajuste —el modo de tu sitio— y los bloques se copian del panel: integrar la venta en tu web. El resumen, en venta integrada en tu web. El micrositio y los bloques necesitan plan Pro.